Esta temporada que finalizó hace unos meses me ha servido para empezar a desarrollar dentro de Samaniego una nueva faceta que desconocía: la de entrenador. En este caso, he sido durante todos estos meses el 2º entrenador del equipo de chicas de la categoría Cadete de 2ª. Como no podía ser de otra manera la experiencia no ha podido ser más gratificante.

            Como todos los comienzos fue muy duro. Tanto para el primer entrenador, Iñigo, como para mí; puesto que para ambos era nuestro primer año como entrenadores. La verdad que en los primeros cinco partidos sólo conseguimos derrotas, y alguna de ellas abultadas que hacían presagiar lo peor para todos. Yo sabía que esta racha negativa cambiaría con el paso de los partidos pero no sabía cómo ni cuándo.

            Tras un partido exhausto de hora y media de duración que perdimos una tarde de viernes tocaba madrugar para jugar a las 9 en Marianistas contra las líderes invictas. Yo dudaba que pudiésemos sacar ese partido adelante debido a que sólo contábamos con siete jugadoras y las rivales eran doce y no habían encajado una sola derrota en los anteriores cinco encuentros. Pero la garra de las jugadoras salió a relucir en este encuentro y eso que el marcador fue sinceramente “penoso” debido a la buena defensa y a los numerosos errores de cara al aro de ambos conjuntos: 20-21. Costó lo suyo, pero gracias a una defensa zonal 2-3 que habían aprendido esa semana nos valió para llevarnos el gato al agua. Sólo ver las sonrisas de las jugadoras nada más finalizar el encuentro y cómo corrían a celebrarlo valía la pena todo lo sufrido anteriormente. Y es que si alguien sufre durante los partidos, ese soy yo. Es mi manera de ser y aunque intento cambiarla no lo consigo.

            Y es que esa es una de las motivaciones que te hacen seguir adelante como entrenador. Te satisface ver como tus jugadoras se encuentran felices y disfrutan jugando al baloncesto. Si ellas no ponen de su parte, tú te enfadas y no te queda otra salida más que regañarles; pero cuando las cosas van bien… ¡qué mas puedes pedir!

            A partir de esa jornada las cosas empezaron a funcionar y comenzamos a ganar partidos de una manera que al final de la primera liguilla nos conseguimos clasificar para el tercer grupo de cadete de los cuatro existentes. Habíamos conseguido grandes cosas pero no me daba por satisfecho ya que siempre pensé que este equipo tenía aún muchas cosas por mejorar. De esta manera, la intención que teníamos en este grupo que compartíamos junto a Olabide, Calasanz y Fundación Baskonia era quedar campeonas y dejar ese buen sabor de boca con el que no habíamos comenzado la campaña.

            Durante el desarrollo de los seis partidos que disputamos creo que se empezaron a dar cuenta de cómo habían mejorado respecto al comienzo de la temporada y de las cosas que aún tenían que mejorar. Lo más importante de todo es que ganaban partidos y lo seguían haciendo bien. Pero en la última jornada se lo jugaban todo y, por primera vez en toda su carrera, se jugaban algo importante para ellas como era el poder ser campeonas de este tercer grupo.


            Jugamos una tarde de viernes a eso de las 6 de la tarde en el Polideportivo Hegoalde frente a la Fundación Baskonia. Todas estaban nerviosas por lo trascendental del encuentro. El partido fue reñido e igualado durante todo el transcurso. Pero el final no fue el deseado debido a varias jugadas que no nos beneficiaron en absoluto y que hizo que perdiésemos por un punto de diferencia: 22-21. Para mí éramos las ganadoras moralmente debido al esfuerzo que habíamos realizado y que nos había quitado el señor colegiado. La rabia la llevábamos por dentro como podíamos tanto Iñigo como yo. Las chicas no la pudieron contener y algunas de ellas se disgustaron muchísimo debido a la injusticia que allí se había cometido.

            Pero como lo que te quitan en una tarde te lo devuelven a la mañana siguiente la alegría volvió a verse reflejada en nuestras chicas en menos de 24 horas. Les explico. Si se daba una derrota nuestra como así había ocurrido aquella tarde aún nos quedaba una opción de quedar primeras. Para ello Calasanz debía perder en la siempre difícil cancha de Olabide a la mañana siguiente a eso de las 12.30. Por eso mismo, y debido a que no podría aguantar hasta el martes para enterarme del resultado, cogí mi bicicleta y me dirigí dirección Lasarte para ir a la Ikastola Olabide. Allí comprobé como Olabide daba un auténtico recital a Calasanz y nos coronaba a nosotras como campeonas del grupo. Raudo y veloz llamé a Iñigo para comunicarle la noticia ya que él se encontraba con las chicas en una convivencia del Club de Tiempo Libre. Todos éramos felices aquel sábado y las lágrimas se habían transformado en auténticas sonrisas que iban desde un lado de la oreja hasta la otra.

            De esta manera finalizaba una dura temporada que se consumaba con un balance final de 10 victorias y 10 derrotas. Siendo consecuentes con los antecedentes de este equipo en temporadas anteriores siendo entrenado por otras personas, era la mejor marca que habían conseguido, y por ello, las jugadoras eran las primeras en sentirse orgullosas de sí mismas y de sus capacidades demostradas. Ellas no querían más, pero quedaba un último partido por disputar y el que menos querían debido a que a muchas de ellas les daba vergüenza ser vistas por todo el colegio Samaniego: el IV Torneo de Baloncesto Samaniego.

            La temporada había acabado hacía ya casi un mes y a mediados de junio se disputaba este encuentro que gracias a su colaboración y a la aceptación de invitación pudimos disputar frente a Olabide. El partido sirvió para que debutase una nueva jugadora en nuestras filas con la que contaremos para esta nueva temporada: Leire. Se consiguió vencer por una renta de unos diez puntos aunque el partido estuvo disputado durante gran parte del mismo. Se levantó el trofeo y la felicidad era infinita en absolutamente cada una de las chicas y como no, en los dos entrenadores “sufridores”. Esa misma noche se celebró una cena de equipo que ponía el punto y final a la temporada 2006/2007.

            Si me preguntasen qué destacaría de toda esta experiencia no sabría cómo responder. Es una serie de sensaciones que sientes durante los entrenamientos que luego se reflejan también en los partidos que no sabes cómo describirlas. Mis jugadoras dicen que me lo tomo muy a pecho todo, y puede que tengan razón, pero una cosa he aprendido: si no pone ganas el propio entrenador, no puedes esperar que tus jugadoras las pongan. Están en una categoría en la que tienen que aprender que ya han dejado de ser ese grupo de amigas que jugaban al baloncesto para divertirse. Eso está bien y pueden pensarlo, pero me quedaría mucho más a gusto si cada una de ellas se mentalizase de que; están en una fase en la que son un equipo de baloncesto que juegan para dar el todo por el todo en cada partido y que sólo tienen que ver la victoria como meta, pero disfrutando en el campo a la vez. Quedan muchas cosas por mejorar en cada una de ellas y como conjunto, pero espero que este año se consigan estas cosas y muchas más. Aún no sé si continuaré como segundo entrenador o no esta temporada debido a diversos factores ajenos a mí, pero lo que sí sé es que SIEMPRE será mi equipo. El primero de todos y con el que más afecto he tenido. En esta temporada he aprendido muchas cosas de Iñigo que me servirán sin duda para el futuro, como espero que les sirvan a ellas para que continúen en este duro mundo como es el del baloncesto. Sólo me queda darles las gracias a todas ellas por haberme aguantado durante todo este tiempo y que sepan que aparte de un entrenador, siempre tendrán aquí a un amigo que no se pone de tan mala leche como en los partidos cuando fallan canastas fáciles.

 

#5# Elena    #6# Irene    #8# Sandra Varas    #9# Sandra Vallejo     #10# Saioa
 #11# Yanire      #12# Laura         #13# Zuri            #15# Esti

Mister: Iñigo (Piñón)

 

¡GRACIAS A TOD@S Y NOS VEMOS EN LAS CANCHAS!